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Desde el Retiro

  • Foto del escritor: Autor Invitado
    Autor Invitado
  • 22 sept 2025
  • 2 Min. de lectura


Por: Marco A.Cen


La agresiva Pospandemia, reflejo de nuestra realidad (2020-2025)

 

 

Desde el Retiro

22 de septiembre del 2025

 

 

Antecedentes

 

La pandemia del 2020 marcó un antes y un después en la vida de los seres humanos. El confinamiento, la incertidumbre, las pérdidas económicas y afectivas dejaron huellas profundas en la psique colectiva. El aislamiento generó una ola de frustración que, al liberarse de manera abrupta tras el retorno a la “normalidad”, ha derivado en un aumento visible de la agresividad. Hoy, cinco años después, seguimos enfrentando las secuelas emocionales de aquel periodo que trastocó las bases de nuestra convivencia.

En las calles, la violencia cotidiana es palpable:

 

Conducción temeraria y episodios de violencia vial que transforman trayectos comunes en escenarios de riesgo.

 

Conflictos interfamiliares, que reflejan la presión económica, la sobrecarga emocional y la falta de canales sanos de comunicación.

 

Discusión pública más hostil, en redes sociales y en la vida diaria, donde las diferencias de opinión fácilmente escalan a ofensas o confrontaciones físicas.

 

La situación no se limita a México. En América Latina y en el mundo entero, se ha registrado un deterioro en la tolerancia social. La hiperconexión digital, lejos de siempre acercarnos, también ha multiplicado la irritabilidad, la adicción a dispositivos y la desconexión del mundo real.

 

Si no atendemos de raíz estas manifestaciones, la violencia seguirá erosionando lo que nos hace comunidad: la confianza, la empatía y la solidaridad.

 

Conclusiones y propuesta

 

La reconstrucción del tejido social requiere de un enfoque integral:

 

1. Atender las causas de la pobreza para reducir la frustración que genera la exclusión.

 

2. Escuchar y apoyar a la clase media, que muchas veces se siente olvidada y atrapada en la precariedad.

 

3. Involucrar también a los sectores más privilegiados, que tienen la responsabilidad social de contribuir al bienestar colectivo.

 

La violencia no es inevitable. Requiere de educación en valores, de políticas públicas que prioricen la salud mental y de un esfuerzo personal para practicar la empatía. No se trata de evitar el conflicto a toda costa, sino de transformarlo en diálogo, de apostar por la palabra antes que por el golpe, de construir un mundo donde la justicia y la salud social sean prioridad.

 

La responsabilidad es de todos: ciudadanos, familias, gobiernos y comunidades. Sólo así podremos avanzar hacia una sociedad más justa, más sana y verdaderamente humana.

 

Un favor. Abracen fuerte a los suyos.

 

*Consultor en Temas de Seguridad, Normatividad, Administración y Control de Daños. Certificado por International Criminal Investigative Training Assistance Program del Departamento de Justicia como Instructor, Evaluador y Diseñador de Planes y Programas de Adiestramiento, 28 años de Experiencia en Procuración de Justicia, formado a través de la ciencia del Derecho, con experiencia en Seguridad Nacional ñ, Seguridad Pública, Seguridad Regional nivel LATAM y Seguridad Corporativa. Admirador del ser Humano, fiel creyente que el amor es el motor más poderoso de la humanidad.



“Solamente aquél que construye el futuro tiene derecho a juzgar el pasado”. Friedrich Nietzsche


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