Desde el Retiro
- Autor Invitado

- 16 oct 2025
- 4 min de lectura
Actualizado: 21 oct 2025
Más de 67,000 personas han muerto y 169,000 han resultado heridas desde octubre de 2023. 55,000 niños menores de seis años sufren desnutrición severa; 12,800 de ellos en condición crítica. Solo 14 de 36 hospitales siguen funcionando, la mayoría parcialmente. 700,000 personas desplazadas desde marzo de 2025; el 82 % del territorio está bajo órdenes de evacuación.
En refugios, el espacio disponible es de 0.5 m² por persona (el estándar humanitario mínimo es 3.5). Al menos 798 personas murieron buscando ayuda humanitaria, y casi 3,000 fueron asesinadas tratando de conseguir agua o alimentos.
(Fuentes: Reuters, OMS, ONU, UNRWA, The Guardian, Al Jazeera, The New Arab, Norwegian Refugee Council, octubre 2025).

Por: Marco A.Cen
Salvar vidas por encima de identidades: la urgencia humanitaria en Gaza
16 de octubre del 2025
La humanidad como frontera común
Cada vida importa. Esa es la ley ética más simple y, a la vez, la más olvidada en los conflictos modernos. En Gaza, ese principio es hoy una línea entre la compasión y el colapso moral colectivo. Las cifras no son simples números: son rostros, familias, historias suspendidas entre el hambre, la enfermedad y la incertidumbre. Ni la religión ni la nacionalidad pueden ser excusa para negar lo esencial: el derecho a vivir con dignidad.
La crisis invisible tras el ruido de la guerra
En la Franja de Gaza, la emergencia humanitaria se agrava cada día. Según la OMS, solo 14 hospitales permanecen operativos —y de forma parcial— por falta de combustible, personal y equipos. Los hospitales Nasser y Al-Amal, últimos grandes centros médicos en el sur, están al borde del colapso total.
Los refugios gestionados por la UNRWA están sobrepoblados: el espacio vital por persona ha caído a 0.5 metros cuadrados, cuando el mínimo humanitario internacional es 3.5. A la vez, el 82 % del territorio gazatí se encuentra bajo órdenes de evacuación o en zonas militarizadas. La mayoría de los desplazados —más de 700,000 personas— han tenido que moverse varias veces en pocos meses.
En este escenario, el acceso a lo básico se ha vuelto letal. Entre mayo y julio, al menos 798 personas murieron cerca de puntos de distribución de ayuda. En total, casi 3,000 han sido asesinadas intentando conseguir alimentos o agua. Incluso la supervivencia se ha vuelto un riesgo.
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El hambre y la sed como armas del conflicto
Los organismos humanitarios denuncian que las restricciones impuestas al ingreso de ayuda son una forma silenciosa de castigo colectivo. A mediados de octubre, Israel limitó el paso de ayuda a 300 camiones diarios, la mitad de lo previsto, citando disputas políticas sobre la devolución de cuerpos. En contraste, la ONU advierte que se necesitan al menos 1,200 camiones diarios para cubrir necesidades básicas y atender la devastación del norte de Gaza.
Actualmente, 190,000 toneladas métricas de alimentos y medicinas permanecen varadas en las fronteras, esperando permisos para ingresar. Cada día de demora significa más niños desnutridos, más ancianos sin atención, más hospitales sin electricidad.
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Principios que no deben quebrarse
La respuesta humanitaria no puede depender de quién controla un territorio ni de qué religión profesan las víctimas. El derecho internacional humanitario, las Convenciones de Ginebra y los principios de la Cruz Roja son claros: la ayuda debe entregarse según la necesidad, no según la identidad.
Neutralidad, imparcialidad y humanidad son las tres columnas de toda acción humanitaria:
1. Neutralidad, para no favorecer a ningún actor del conflicto.
2. Imparcialidad, para atender según el grado de sufrimiento, no según la filiación política o religiosa.
3. Humanidad, para proteger la vida y la dignidad por encima de cualquier frontera.
Romper estos principios —como ocurre hoy en Gaza— destruye la base misma de la convivencia global.
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El costo de la indiferencia
Negar la ayuda o condicionar su acceso es una forma de violencia. Es prolongar la guerra con otros medios.
La historia demuestra que cuando la comunidad internacional tarda en actuar, las crisis se profundizan. En Gaza, el hambre y la enfermedad ya se comportan como armas de destrucción lenta. Si no se actúa con urgencia, lo que hoy es tragedia humanitaria será mañana un colapso generacional.
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Salvar vidas: una obligación moral universal
No existe religión que justifique dejar morir a civiles.
No existe nacionalidad que haga menos humana una herida.
No existe credo que impida que un niño reciba comida, que una madre tenga agua potable o que un anciano encuentre refugio.
Salvar vidas no es un acto político: es un deber humano. Gaza no necesita discursos, necesita corredores seguros, acceso total y constante para la ayuda, protección de hospitales y escuelas, y un compromiso internacional real que ponga a las personas en el centro.
Porque si la humanidad se mide por la capacidad de socorrer al que sufre —sin preguntar quién es—, entonces el mundo está hoy frente a su examen más duro.
“Solamente aquél que construye el futuro tiene derecho a juzgar el pasado”. Friedrich Nietzsche.




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